Clásico ¿Por qué no? | Danza Down

El sábado quedé con una compañera de clase para salir por primera vez, después de más de diez años y sin mis personas seguras, a ver una obra en el centro cultural del barrio.

Apenas llegué a su portal, la ansiedad empezó a manifestarse, pero, una vez que ella salió y comenzamos a caminar hacia el centro cultural, se fue diluyendo. Una vez allí, pensé que lo peor había pasado, ya que, al acercarnos a recoger las entradas, parecía que no iba a estar muy lleno. Sin embargo, salimos a comprar un refresco y algo para picar y, al volver, había mucha más gente. De hecho, cuando nos sentamos, me di cuenta de que estaba prácticamente completa.

Honestamente, no imaginaba que lo que estaba a punto de ver iba a suponer un golpe de realidad tan grande.

La presentadora salió al escenario, presentó a la compañía, explicó su misión y sus valores y expuso cómo trabajan para llevarlos a cabo. Acto seguido, comenzó la función, que consistió en una serie de coreografías de ballet interpretadas por bailarines con síndrome de Down.

Los bailarines demostraron una resiliencia admirable, enfrentándose a las exigencias de una disciplina que requiere coordinación, equilibrio y precisión. Durante la actuación, una de las bailarinas perdió el equilibrio y sufrió una caída aparatosa. Sin embargo, tras una breve pausa, se reincorporó a la función y continuó bailando, demostrando una profesionalidad encomiable.

Lo que más me impactó no fue únicamente el esfuerzo que exigían las coreografías, sino ver cómo los bailarines continuaban actuando ante una sala prácticamente llena, incluso cuando algunos movimientos no salían como estaban previstos.

Aquella imagen me hizo reflexionar sobre mi propia vida. Después de tantos años conviviendo con la fobia social, intentando recuperar una libertad que siento que he perdido y esperando encontrar la ayuda que necesito para avanzar, verlos allí me hizo pensar en todo lo que el miedo me ha llevado a dejar de hacer. No fue una comparación entre sus dificultades y las mías, sino un recordatorio de todo lo que deseo recuperar y lo mucho que significa para mí haber empezado a dar pequeños pasos para conseguirlo.

Desde el punto de vista artístico, algunas coreografías presentaron dificultades de coordinación y sincronización entre los bailarines. Sin embargo, creo que el valor de esta actuación no reside tanto en la precisión de los movimientos como en el esfuerzo que hay detrás de ellos. Aprender una disciplina tan compleja como el ballet y atreverse a compartirla con el público tiene un mérito considerable. Por eso, recomendaría ver Clásico ¿Por qué no?, ya que, más allá de la ejecución artística, considero que transmite un mensaje que merece la pena escuchar y que, al menos en mi caso, me hizo reflexionar sobre todo aquello que el miedo puede llevarnos a dejar de hacer.


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